caricia de un aroma enamorado
Alí Chumacero
YO TE CONDENO… por la redondez de tus segundos, los gatos que circulan cada noche que te pienso. Por la arena blanca que se hace pasar por polvo de hadas, por el sudor y el desasosiego.
Te condeno por parpadear como queriéndome guiñar; colocar lentamente tus yemas sobre mi frente cuando estoy soñando, soplar sobre mi cuello aquella esencia que brota de tu interior.
Es más suplicio el deseo de tus besos que la privación de los mismos: solemnes cuando hace frío, coléricos cada que llueve.
Te condeno por las prisas, por tu tez de vainilla, por tus labios de naranjo. Te condeno por amarme demasiado, haber trotado por cada sendero de mi mente y haber dejado tu perpetua imagen por doquier. Te condeno por haberme enamorado…
Sin embargo -desgarrado de la mente, frenético y sonriente, dependiendo de tu anhelo, imposibilitado a lastimarte, incapaz de prescindir de tu piel-
yo te absuelvo de toda culpa…
por amarme en el fondo y la forma exactos,
el ritmo preciso y la justa manera
en que yo lo necesito.